Creo que una de mis más grandes pasiones siempre ha sido viajar. Me encanta conocer nuevos lugares, personas distintas, ver impresionantes paisajes o simplemente compartir un bonito día con personas que quiero. Mi viaje a Marruecos fue increíble y sin duda uno de los mejores en mi vida.
Dicen que cuando un lugar es tan distinto a lo que estás acostumbrado a ver, causa un shock cultural, el cual es el que provoca que el lugar sea tan impactante y te sientas realmente fascinado e intrigado, lo que hace que quieras conocer más y más… Eso explica mi caso en este país africano.
La verdad es que cuando apenas iba para allá no sabía qué esperar, tenía una visión muy distinta a lo que realmente es. Sin embargo al llegar ahí me di cuenta que es como cualquier otro país, con grandes ciudades llenas de bulliciosas calles, autos último modelo, grandes escuelas y muuuucha pero muuuucha diversión.
Pasamos 4 días recorriendo hermosas ciudades como Rabat, Marrekch, Fes y Merzouga hasta que por fin llegamos al desierto del Sahara. Y es aún más increíble de lo que pensaba… Pocas veces he sentido esa paz interior tan profunda y una felicidad plena de poder estar en tan impactante lugar lleno de serenidad e historia.
Debajo de una irreal noche estrellada, siendo amenizada por ritmos africanos, degustando deliciosa y auténtica comida marroquí, me di cuenta de lo pequeña que soy en este mundo tan grande y de la gran facilidad de hacer que un grupo de personas y conocidos lugares se conviertan en nuestro mundo. Nada más. Esto por falta de abrirnos a aventuras nuevas y ser humildes para reconocer que aunque lleguemos a ser alguien conocido en el lugar donde vivimos, es muy probable que no seamos nadie al otro lado del continente.
Creo que abrir los ojos y nuestros corazones para darnos la oportunidad de conocer cosas nuevas y diferentes es el mejor reto que la vida nos pone para salir de nuestra zona de confort, ver lo hermosa que es la vida y exprimirle cada gotita a ella.

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