Cada cierto tiempo escuchamos una historia que logra conmovernos y nunca podremos olvidar, este es uno de esos casos en donde la ciencia no logra explicar lo sucedido y que solo debemos creer que la milagrosa mano de Dios ha puesto cada cosa en el lugar que esta.
Brielle y Kyrie Jackson nacieron el 17 de octubre de 1995 en Massachusetts – Estados Unidos. Estas gemelas vinieron al mundo prematuramente con 6 meses de gestación. Su estado, como era de esperarse, era complicado.
Según lo estipulado en ese entonces en los protocolos médicos del hospital, debían poner a las bebés en incubadoras de manera individual, para evitar que alguna de ellas pudiese contagiar a la otra con cualquier tipo de patógeno. Así lo hicieron.
Inmediatamente Kyrie mostró signos de mejoría, estaba aumentando de peso rápidamente, se estaba fortaleciendo de forma continua y mostraba, en general, un indice de desarrollo satisfactorio. Brielle no contaba con la misma suerte. Su estado no mejoraba y cada vez se distanciaba más de las estadísticas de su hermana. Los médicos no auguraban para ella un futuro prometedor y ya le anunciaban a los tristes padres sobre la posibilidad, cada vez más grande, de que la bebé falleciera.
25 días despué, Brielle entró en estado crítico. La más pequeña de las hermanas estaba muriendo. Ante la impotente actitud de todos, padres y médicos, la enfermera Gayle Kasparian tomó una decisión arriesgada: contrario a lo establecido por el hospital, sacó de la incubadora a Brielle y suavemente la colocó al lado de su hermana Kyrie, por su puesto, en la misma incubadora.
El milagro ocurrió. Kyrie tiernamente abrazó a su hermanita y justo desde ese momento Brielle se estabilizó. Su temperatura se normalizó igual que su frecuencia cardíaca. Su piel tomo un color rojo cálido y comenzó a respirar suavemente. Ambas se quedaron dormidas en un profundo abrazo.
Hoy en día tienen 20 años y como era de esperarse son muy unidas. Desde el suceso de las hermanas Jackson los hospitales han modificado sus protocolos en cuanto al trato de bebés gemelos, trillizos y cuatrillizos que sean prematuros y se han adelantado múltiples estudios para tratar de demostrar la eficacia de tratamientos en los que se involucre el contacto humano como elemento curativo. Hasta la fecha en ninguno de los casos estudiado ha habido contagio de patógenos entre hermanos que hayan compartido incubadora.
Fuente: coolcloud


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